Por Ronaldo Manuqueve, comunicador indígena del ECA Amarakaeri
Integrante del pueblo Harakbut y del programa de Vigilancia Comunal del Ejecutor del Contrato de Administración de la Reserva Comunal Amarakaeri (ECA Amarakaeri), Andrés Moqui pertenece a la comunidad nativa de Puerto Luz y ha dedicado gran parte de su vida a la defensa de su territorio ancestral. A sus 78 años, continúa recorriendo largas distancias para proteger el bosque, combinando su sabiduría ancestral con el uso de herramientas tecnológicas, como el aplicativo CoMapeo y equipos GPS, que fortalecen la vigilancia comunal y la protección del territorio, transmitiendo ese legado a las nuevas generaciones.
Cuando el territorio se convierte en una misión de vida
Cuando Andrés Moqui habla del territorio, lo hace con el orgullo de quien ha crecido y construido su vida junto al bosque. Aunque nació en la comunidad nativa de Shintuya y migró siendo joven a Puerto Luz por las circunstancias que atravesaba su pueblo en aquella época, fue en esta comunidad donde decidió echar raíces y asumir el compromiso de proteger el lugar que hoy considera su hogar.
A sus 78 años, sigue siendo uno de los vigilantes comunales más experimentados de la Reserva Comunal Amarakaeri y un referente para su comunidad. Su experiencia representa el conocimiento acumulado de generaciones del pueblo Harakbut, cuya relación con el bosque se basa en el respeto, el equilibrio y la protección del territorio como fuente de vida.
La defensa del territorio como compromiso
Andrés recuerda que decidió convertirse en vigilante comunal cuando observó que personas ajenas ingresaban al territorio sin consulta previa, poniendo en riesgo las tierras comunales.
“Entraban sin permiso y sentíamos que querían quitarnos nuestro territorio. Eso nos preocupaba porque aquí hemos vivido y aquí crecimos.”
Desde entonces, asumió la vigilancia como una responsabilidad colectiva para proteger el territorio ancestral y garantizar que las futuras generaciones puedan seguir viviendo de los recursos que ofrece el bosque.
Para Andrés, vigilar el territorio también significa mantener vivos los conocimientos que sus ancestros le transmitieron sobre el bosque. Saber reconocer los caminos, interpretar las señales de la naturaleza y comprender el comportamiento del entorno son saberes ancestrales que hoy continúan orientando la labor de los vigilantes comunales.
Actualmente, esa experiencia se complementa con el uso del aplicativo CoMapeo, equipos GPS y otras herramientas de monitoreo empleadas durante los patrullajes. Estas tecnologías permiten registrar con precisión rutas, amenazas, evidencias e incidencias dentro del territorio, fortaleciendo el trabajo articulado entre los vigilantes comunales, los guardaparques y las instituciones responsables de la conservación de la Reserva Comunal Amarakaeri. De esta manera, el conocimiento ancestral del pueblo Harakbut y la tecnología trabajan de manera complementaria para una vigilancia territorial más efectiva.
Patrullajes marcados por el sacrificio
A lo largo de los años, Andrés ha participado en numerosos patrullajes junto a otros vigilantes comunales y guardaparques. Recuerda que una de las experiencias más difíciles fue recorrer zonas invadidas por actividades mineras ilegales.
Los caminos eran largos y accidentados. En muchas ocasiones caminaban durante todo el día, llegando a sus campamentos cerca de la medianoche. Había jornadas en las que apenas podían comer o descansar, pero nunca abandonaban la misión.
“Hemos sufrido bastante. Caminábamos largas distancias, con hambre, con sueño y enfrentando amenazas. Gracias a Dios nunca perdimos a ningún compañero durante los patrullajes.”
A pesar de los riesgos, asegura que la fortaleza del equipo y el compromiso con la defensa del territorio siempre fueron más fuertes que el miedo. En cada recorrido, la experiencia de los vigilantes comunales y el conocimiento ancestral del bosque se complementan con las herramientas de monitoreo utilizadas para documentar las amenazas y fortalecer las acciones de conservación.
La unión de Puerto Luz
Para Andrés, una de las mayores fortalezas de Puerto Luz es la capacidad de unirse cuando el territorio está en peligro.
“Podemos tener diferencias entre comuneros, pero cuando se trata de defender nuestro territorio, todos estamos presentes. Eso es lo bueno de Puerto Luz.”
Explica que, cuando surgen amenazas o invasiones, la comunidad responde al llamado de sus autoridades y participa activamente en la defensa territorial, demostrando que la protección del bosque es una responsabilidad compartida por todo el pueblo.
El origen de “Tío Chihuahuaco”
Entre guardaparques, vigilantes comunales y visitantes, pocos lo llaman por su nombre. Para todos es “Tío Chihuahuaco“. Este apodo nació durante un patrullaje muy exigente junto a un ingeniero. Mientras la mayoría necesitaba detenerse para descansar, Andrés continuaba caminando sin mostrar señales de cansancio. Finalmente, el grupo tuvo que convencerlo de detenerse en una playa.
Durante ese descanso le preguntaron cuántos años tenía. “Tengo más edad que un motelo, pero todavía camino. Soy duro… más duro que un chihuahuaco”, enfatizó.
Desde aquel día, comenzó a ser conocido como “Tío Chihuahuaco”, en referencia al árbol amazónico reconocido por su fortaleza, resistencia y larga vida. Hasta hoy, jóvenes, compañeros y visitantes lo identifican con ese nombre, símbolo de la perseverancia y el compromiso que ha demostrado durante décadas de servicio.
Un legado para las nuevas generaciones
Aunque reconoce que los años pesan, Andrés continúa participando en la vigilancia comunal, porque considera que proteger el territorio es una responsabilidad que no termina con la edad.
Su mayor deseo es que más jóvenes asuman ese compromiso y alienta a los que cuentan con formación a involucrarse en la protección de su territorio ancestral.
“Les dejo un lema: que la vigilancia continúe. Nosotros comenzamos este trabajo, pero ahora les toca a las nuevas generaciones mantenerlo (…) Ahora ustedes tienen más experiencia, estudian y son profesionales. Aprovechen ese conocimiento para defender nuestro territorio y no permitir que personas de afuera entren a destruirlo.”
Para Andrés, el futuro de la vigilancia comunal dependerá de que las nuevas generaciones mantengan vivos los conocimientos heredados por sus ancestros y, al mismo tiempo, incorporen nuevas herramientas y tecnologías que fortalezcan la protección del territorio frente a las amenazas actuales.
Un compromiso que continúa
La historia de Andrés Moqui refleja el espíritu de la vigilancia comunal en la Reserva Comunal Amarakaeri. A sus 78 años, continúa recorriendo los bosques con la misma convicción que tuvo cuando decidió defender el territorio frente a las primeras amenazas.
Su ejemplo demuestra que la protección del bosque no depende únicamente de la fuerza física, sino también de la sabiduría ancestral del pueblo Harakbut, transmitida de generación en generación. Hoy, ese conocimiento se fortalece con el uso de herramientas tecnologicas, que permiten registrar y monitorear el territorio con mayor precisión frente a las amenazas.
Mientras existan personas como “Tío Chihuahuaco” y jóvenes dispuestos a continuar ese legado, la defensa de la Reserva Comunal Amarakaeri seguirá uniendo la experiencia de los pueblos indígenas con la innovación tecnológica para conservar uno de los territorios con mayor biodiversidad del país.