Por Ronaldo Manuqueve, comunicador indígena del ECA Amarakaeri
Natural de la ciudad del Cusco, Sebastián Muñoz Espinoza llegó hace 15 años a la Reserva Comunal Amarakaeri. Lo que comenzó como un reto profesional terminó convirtiéndose en una vocación de vida al servicio de la conservación de uno de los territorios con mayor biodiversidad de Madre de Dios.
A sus 58 años, Sebastián Muñoz Espinoza mira hacia atrás con satisfacción. Hace quince años dejó atrás otras actividades laborales para asumir un nuevo desafío como guardaparque oficial en la Reserva Comunal Amarakaeri. Desde entonces, ha recorrido bosques, ríos y montañas con un solo propósito: proteger el patrimonio natural que pertenece a las diez comunidades nativas que conforman la reserva.
De minero a guardaparque
Antes de vestir el uniforme de guardaparque, Sebastián trabajó como minero artesanal, conocido localmente como “chichiquero”. Fue una invitación de sus compañeros guardaparques la que cambió el rumbo de su vida.
“Me invitaron a trabajar con ellos. Acepté el reto para probar cómo era este trabajo y, al final, me quedé. Hoy seguiré aquí hasta que llegue el momento de mi jubilación”, comenta con orgullo.
Con el paso de los años, la protección de la naturaleza dejó de ser un empleo para convertirse en una misión personal.
Los desafíos en el campo
Durante los años de servicio, Sebastián ha enfrentado diversas situaciones de riesgo. Recuerda que uno de los momentos más difíciles ocurrió durante una salida de campo en el sector Camanti, cuando el equipo recibió amenazas mientras realizaba labores de vigilancia y monitoreo.
A pesar de esas experiencias, asegura que nunca ha perdido el compromiso de continuar defendiendo la Reserva Comunal Amarakaeri, convencido de que la conservación requiere esfuerzo, valentía y trabajo en equipo.
Un territorio que merece ser protegido
La Reserva Comunal Amarakaeri es un área natural protegida coadministrada por el Sernanp y el ECA Amarakaeri, que está conformado por diez comunidades nativas de los pueblos Harakbut, Yine y Matsigenka. En este territorio, guardaparques y vigilantes comunales realizan permanentemente labores de monitoreo, vigilancia y protección para conservar la biodiversidad de flora y fauna que alberga el área.
Para Sebastián, este trabajo solo puede lograrse mediante la colaboración entre las comunidades, los vigilantes comunales y el personal guardaparque.
Un mensaje para las nuevas generaciones
Con la experiencia que le han dado los años, Sebastián hace un llamado especial a los jóvenes indígenas de las comunidades.
“Quiero que los jóvenes se involucren al cien por ciento en el cuidado de la naturaleza y de sus territorios. Algunos ingresan a trabajar en el área, pero renuncian por el dinero. No saben que cuidar la naturaleza es el mejor oro que tenemos.”
También expresa su preocupación por que muchos jóvenes optan por la minería buscando mejores oportunidades económicas.
“La mayoría se va a la minería pensando que allí está el futuro, pero eso no será para siempre. El oro ya se está acabando por todos lados. En cambio, proteger nuestros bosques servirá para las futuras generaciones.”
Finalmente, destaca que el principal reto será seguir defendiendo la Reserva Comunal Amarakaeri frente a las amenazas externas.
“Tenemos una gran biodiversidad de flora y fauna. Cuando el oro se termine, muchos querrán ingresar a la reserva. Por eso debemos trabajar unidos entre comunidades, vigilantes comunales y guardaparques para impedir que eso ocurra.”
Un compromiso que continua
Después de quince años de servicio, Sebastián Muñoz Espinoza continúa recorriendo los bosques de la Reserva Comunal Amarakaeri con la misma convicción con la que aceptó aquel reto hace más de una década. Su historia refleja que la conservación no solo consiste en proteger un territorio, sino también en inspirar a las nuevas generaciones para que valoren la riqueza natural y cultural que heredarán en el futuro.